Gabriel de la Mora, 81 días I, 2019, Óleo erosionado y consolidado sobre tela / Eroded and consolidated oil on canvas, 20 x 25 x 2 cm / 7.87 x 9.84 x .78 inches.

Nota / Note: El título indica el número de días que la obra estuvo expuesta a la intemperie en este caso 81 días del 25 de mayo de 2018 1:59 PM al 13 de agosto 2018 4:30 PM / The title indicate the number of days the work was exposed outdoors in this case from May 25, 2018 1:59 PM to August 13, 2018 4:30 PM.

Serie: Sentido de la posibilidad – Pintura Expuesta / 2015- presente.

La “pintura al aire libre” o peinture en plein air permanece aún en el imaginario popular como el intento máximo, de parte de los pintores, de capturar el verdadero espíritu de la naturaleza. La serie El sentido de la posibilidad realiza el ejercicio inverso, al capturar el vigor y la fuerza de la naturaleza a través de su propia inscripción en la superficie pictórica.

De la Mora prepara una serie de paisajes y marinas pintados entre 1960 y 2000 por autores desconocidos y diversos, adquiridos en algunos mercados de antigüedades – también llamados mercados de pulgas – en su mayoría óleos sobre tela y considerados inclusive como desechos; los cuales inician un proceso en el que son expuestos a la intemperie durante diferentes períodos de tiempo. Paulatinamente, los cambios de temperatura, el impacto de la lluvia y el granizo, el sol, la contaminación e incluso las cenizas del volcán Popocatépetl (cercano a la Ciudad de México) van provocando la aparición de líneas y círculos sobre la superficie, así como la erosión, expansión, contracción o alteración de las capas pictóricas.

El sentido de la posibilidad se inició en septiembre de 2015 en la azotea de la residencia Lugar Común de la XII Bienal FEMSA en Monterrey, Nuevo León, y posteriormente se extendió a la azotea del estudio en Ciudad de México a partir del 2017 y hasta hoy. La idea que origina la propuesta surge durante una visita a la ciudad de Monterrey en agosto de ese mismo año, durante un recorrido por la ciudad donde el artista documentó el impacto de la actividad humana en el cerro de las Mitras, el cual es devorado por una empresa cementera para transformarlo en concreto y derivados de la construcción. En algún momento el cerro desaparecerá por completo generando un daño ecológico irreversible.

Dicha exploración derivó en la siguiente reflexión: así como el hombre destruye y altera la naturaleza, la idea de este proyecto es que la naturaleza destruya aquellas representaciones hechas por el hombre. Los fragmentos desprendidos de las capas pictóricas a través del viento y la lluvia se incorporarán a la naturaleza; abriendo así una nueva posibilidad de la pintura al sacarla de su formato tradicional hacia uno menos convencional y más experimental; y generando indirectamente una crítica en torno al cambio climático – puesto que algunas piezas desaparecerán por completo mientras otras lo harán de manera parcial –.

Las figuras provocadas por el impacto de las condiciones climáticas – principalmente círculos y espirales – se asemejan a las líneas curvas continuas presentes en la composición genética y molecular de cualquier ser vivo: pero, en un gesto tautológico, en esta serie la naturaleza se dibuja a sí misma en las piezas y el artista funciona como el artífice que provoca tal autorretrato al permitir la acción. Después de este proceso, las piezas son consolidadas, dando como resultado que aquello que se haya adherido a la superficie quede fijado de manera permanente.

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